El parto de Rubén

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El parto de Rubén

Mensaje  Invitado el Sáb 03 Mar 2012, 00:35

Ya hace 2 años y medio del parto de mi primer hijo, Rubén.
Durante el embarazo me informé en diferentes foros sobre el parto pero nunca participé en ninguno. Me he animado ha contar mi experiencia y de esta forma mostrar mi agradecimiento a tantas foreras que contaron sus historias.

Llevaba muchas noches durmiendo en el sofá porque en la cama me era imposible conciliar el sueño. Estaba a punto de cumplir la 41 semana de embarazo y ya me dolía todo. Tenía las piernas como botijos y no me bajaba el edema ni con el descanso de la noche. Estábamos en pleno agosto y eso no ayudaba mucho. Al final me resignaba a dormir a ratos y como buenamente podía. 

A las siete de la mañana del 17 de agosto de 2009 me desperté con la sensación de haber mojado la ropa interior. Nunca sabré si se trataba de orina que se hubiese escapado por una patada del peque o una pequeña rotura de la bolsa. Yo pensé que se trataba de lo segundo porque a los pocos minutos tuve la primera contracción. Cómo no quería empezar las contracciones con la bolsa rota decidí hacer un poco de reposo en el sofá. Tenía miedo de levantarme, romper del todo la bolsa y tener que marchar tan pronto al hospital. Deseaba pasar el mayor número de contracciones en casa tranquila.

Mi marido salió a trabajar a la oficina pues le dije que el tema iba para largo. Yo le iría comentando por teléfono o email la situación. Decidí tomar nota de las contracciones: duración, intensidad (suave, normalita, fuerte, jodida, super jodida) y frecuencia. Mi marido en su trabajo inquieto y mandándome correos pidiendo información. Yo mientras tanto feliz con mis contracciones. Ya me habían amenazado con el fantasma de la inducción y eso era lo que menos me apetecía. Quería un parto natural y a ser posible sin epidural. Ya había leído mucho sobre el tema y sabía que con la epi había más posibilidades de parto instrumental y episiotomía.

Estuve todo el día con contracciones que cada vez eran más dolorosas y más frecuentes aunque de vez en cuando venía alguna suavecita que parecía querer darme un respiro. Llegó mi marido por la tarde y ya cayendo la noche se presentaron mi madre y mi hermana. Para entonces tenía las contracciones cada 4 minutos y de verdad que dolían bastante. Yo me agarraba a los brazos de mi marido y aguantaba el tirón. Lo sorprendente es lo pancha que está una entre contracciones, momentos que aproveché para  cenar y ducharme. Pensé que esto último me relajaría pero como los dolores venían cada 4 minutos de reloj, me sentí incómoda y asustada y decidí que era el momento de marchar al hospital.

El trayecto fue corto, sólo me dio tiempo a tener dos contracciones. Cuando llegamos entré con mi hermana y mi madre mientras Samuel, mi marido aparcaba. Una vez en paritorios me preguntaron si había cenado y me hicieron un tacto. Para mi sorpresa estaba con 6 o 7 cm de dilatación. Pensé que estaba ya a puntito pero nada más lejos de la realidad. Me pusieron las correas para controlar contracciones y pulsaciones del bebé. Dinámica buena, me dijeron. Mi marido llegó y al poco rato empezó el calvario. Las correas no funcionaban bien y me las apretaban de tal manera que en cada contracción se me clavaban en la barriga de forma angustiosa. Me preocupaba más eso que las contracciones.
Al principio le echaba la bronca a mi marido al cual me abrazada en cada contracción. Creía que era la hebilla de su cinturón la que se clavaba en mi panza! Pedí que me lo aflojaran pero si lo hacían perdían los latidos del niño. No entiendo que tengan que tener al bebe todo el tiempo controlado. Ya no puedes pasear a tus anchas y tienes que estar pendiente de no hacer cosas raras para no perder los registros. Un asco, si le añadimos que hacía un calor insoportable y que llevaba muchas horas de contracciones comprenderéis que ya empezaba a estar agotada.

Me plantearon la epidural. No había dilatado nada más. Mi marido intentaba convencerme de no ponerme la epidural pues sabía que yo no la quería pero que estaba replanteándomelo. El calor junto al dolor me desesperó de tal manera que accedí a la epidural.
No tardaron en ponerla. El dolor se fue al momento. Al fin podía descansar un poco. A partir de ahí todo el tiempo en la camilla. Se me durmió una pierna y me pusieron una vía. La ginecóloga dijo que me pondrían suero sin oxitocina para ver cómo seguía la dinámica de contracciones. Esto me pareció estupendo. Marcharon y cuando volvieron observó que todo iba bien y que por el momento no hacía falta oxitocina. A esto una matrona salta "pero si se lo he puesto con el suero...". Vaya que cada uno hace lo que le sale de los ovarios. Como los latidos seguían si cogerse bien me pusieron un electrodo interno vaginal. Para ello me rompieron la bolsa. He de decir que tampoco consiguieron que funcionaran correctamente.

Debió llegar alguna muchacha más para tener a su bebé porque me pasaron al potro que había tras una pared para dejar la camilla libre. Era uno de esos modernos multiposiciones. Para que luego te pongan como toda la vida. Incomodísimo. Insistí hasta que me pusieron en una posición semisentada. La gine decía que íbamos a buen ritmo y que todo estaba correcto. Al rato venía y se preocupaba de los latidos del niño que estaban en 140 y apenas se meneaban. Excepto cuando se perdía la señal que fueron muchísimas veces. Por lo visto o el niño estaba dormido o había sufrimiento fetal. El niño había pasado todo el día dándome patadas a cada contracción. Me pareció de lo más normal que se estuviera tomando un descanso. Le hicieron en total 3 pruebas de ph que dieron correctas.

En algún momento de la noche empecé a sentir las piernas y un poco las contracciones. Me pareció fabuloso. Dolía poquito y yo podía cooperar. Pero la intensidad fue aumentando y sospeché que la vía de la anestesia se había desconectado. No me hacían caso. Me sentí completamente ignorada. Me dijeron que la habían bajado un poco pero de eso nada. No tenía nada de anestesia y las contracciones eran largas, sin apenas descanso y el dolor era como tres o cuatro veces más fuerte que las contracciones antes de la epidural. Pedí a mi marido que me diera un garrotazo con lo que pillara a mano. A esto viene una matrona y la veo que conecta dos tubitos que por lo visto se habían soltado pero sin decir nada a nadie. No consigue ponerlo en condiciones porque yo sigo viendo las estrellas. La ginecóloga accede a a llamar al anestesista. Cuando llega la muchacha dice que no estoy recibiendo nada de anestesia que si nadie ha visto nada o a tocado por ahí a lo que nadie dice nada. Me di cuenta de que al anestesista le tienen mucho respeto. Les dijo que no me podían tener de lado todo el rato. Me tumbaron pero en cuanto se fue me volvieron a girar. Yo por si las moscas me volteaba también del otro lado cuando se distraían para repartir un poco la anestesia.

La ginecóloga insistía que tenía no se que pliegue cuando me metía mano y eso no debía gustarle nada. Yo ya temía por las aguas pues tras tantos tactos y pruebas de ph no era de extrañar alguna infección. Mientras tanto en la sala cada vez había más gente, no me importaba tener observadores sanitarios pero justo a mi altura frente a mis piernas había unas ventanas abiertas para intentar aliviar el calor. Pude ver gente asomada desde otro lateral del edificio mirándome como si estuvieran viendo la tele. Pedí que por favor cerraran esas ventanas. Me temo que ya hacía mucho que no se me escuchaba. Mi marido estaba tan preocupado y nervioso que tampoco atendía a razones. Enfadada le pedí que se pusiera entre la ventana y yo y por fin me libré de miradas indiscretas. A estas alturas ya me sentía como un trozo de carne sin voto ni opinión.

Ya había amanecido y llegaba el cambio de turno. Me dijeron que lo mejor era hacer una última prueba de ph pero empezó a entrar un montón de gente nueva,  el nuevo turno traía su propio trabajo y metieron prisa a mi gine. Así de pronto dicen que las aguas están algo teñidas y otra matrona me palpa y comenta que el pliegue que a la otra tenía tan preocupada no es nada. Hicieron salir a Samuel y trajeron el instrumental. Yo asustada. Cuando me indicaron me puse a empujar (aún no había hecho un solo pujo) y una matrona se subió encima de mi barriga, le dije que no lo hiciera que me había preparado y sabía hacerlo. Se quitó y me dejó hacer a mí. En dos empujones mi niño estaba conmigo. Muy a mi pesar me llevé la odiosa episiotomía. Entró mi marido y le tuvieron que dar al peque a él porque yo me sentí muy débil. Perdí bastante sangre y la tensión me bajó por los suelos. No sabía que se podía tener tan baja. Mi marido paseaba enamorado de nuestro Rubén mientras yo luchaba por recuperarme. Pregunté por el número de puntos que me estaban poniendo y la contestación fue: "tranquila te estoy dejando muy bien" Aunque no sé cómo se pueden hacer las cosas bien cuando están presionando para que deje libre el potro. El postparto fue difícil. Tardaron mucho en pasar los efectos de la epidural, me pusieron tres bolsas de sangre y Rubén tardó en coger el pecho.

La cicatriz de la episiotomía tardó muchos meses en dejar de molestarme pero conseguí una gran victoria con el pecho. Año y medio de lactancia (nunca aceptó un biberón) hasta que mi niño se destetó el solito, cosa que casi me parecía imposible. ¡Cómo le gustaba!
Esto es lo que recuerdo después de tanto tiempo. Sentí que no había parido a mi hijo sino que me lo habían sacado. Cuando accedes a la epidural pasas a ser una paciente a la que no se escucha. El miedo y el enfado seguro que no ayudaron a mi cuerpo a parir. Decidí que en el siguiente parto las cosas serían diferentes y dos años después, mi hijo Jesús y yo logramos un parto precioso.

Espero poder sacar otro rato para poder contaros el nacimiento de Jesús.
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Re: El parto de Rubén

Mensaje  Atenea el Sáb 03 Mar 2012, 02:10

Hola, sonyte,

gracias por compartir tu experiencia. Siento muchísimo que tu primer parto se diera así, pero quédate con que tienes a Rubén y que con Jesús lograste el parto que tu deseabas. Feliz

Un fuerte abrazo.
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Re: El parto de Rubén

Mensaje  rakimarro el Mar 06 Mar 2012, 11:14

No le eches la culpa a la epidural. Yo, en mi primer parto, no la tuve y también fui un trozo de carne del que había que sacar una niña.

Por suerte parece que los profesionales están cambiando un poco su trato a la parturienta. Yo, por si acaso, he preferido no volver a un hospital.
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Re: El parto de Rubén

Mensaje  Alines el Mar 06 Mar 2012, 11:25

Guapa, siento la experiencia de tu primer parto, aunque mi cesárea tampoco fue mejor . Triste La verdad es que mi sensación general es la de que estamos mecanizados y automatizados en todas las parcelas de nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte. La falta de empatía es brutal. Hacia la madre en primer lugar, pero de forma más flagrante hacia el bebé. Piensa que, al menos tú, tendrás otro parto con el que disfrutar en tu memoria. Yo siento que a mí me lo escamotearon.

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Re: El parto de Rubén

Mensaje  Invitado el Mar 06 Mar 2012, 11:30

Hola rakimarro. Gracias por tu opinión. Eché la culpa a la epidural porque me paró el parto y al pasar de las horas todos se pusieron nerviosos.

En mi segundo parto me atendió la misma ginecóloga pero al negarme a la epidural hizo acto de desaparición y me atendió una matrona maravillosa que vigilaba pero no intervino hasta el expulsivo.
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Re: El parto de Rubén

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